La investigación gastronómica es una forma de generar conocimiento, una manera ordenada de acercarse al mundo de la cocina y todas sus complejidades para revelar nuevos secretos, desenmarañar misterios, generar más dudas y hacer de las respuestas una oportunidad para que otros se inspiren o tomen referencias.

El camino de quien hace investigación -como lo saben Alicia Gironella, Ricardo Muñoz, Patricia Quintana, Diana Kennedy o Carmen “Titita” Ramírez Degollado– es de mucho esfuerzo, dedicación y constancia.

Desenmarañar el conocimiento de cocina mexicana es tarea compleja. Requiere de muchísimos kilómetros recorridos, de cientos de entrevistas que muchas terminan en fracasos rotundos o abandonos entre la fuente y los que escriben, de recetas que intencional o accidentalmente tienen menos o más ingredientes que los originales, o de proyectos que se quedaron en el tintero sin posibilidad a salir jamás.

Eso es investigar: adentrarse a un mundo a veces oscuro para echar luz con el mayor rigor científico posible, y siempre termina igual, con la idea de compartir lo que se aprendió, con la intención de que otros lo reciban para su beneficio o beneplácito.

Compartir conocimiento genera felicidad, y es que el investigador debe regresar o aportar a su comunidad un poco de aquello que recibió e intercambiarlo por nuevas maneras de comprender a la gastronomía regional o nacional. De hacer libros de cocina no nacen nuevos millonarios de listas internacionales, pero sí se logran pequeños aportes a una disciplina con intenciones de crecer.

Para compartir, el investigador gastronómico debe estar consciente que ante todo es cocinero y entender que al oficio de cocinar le es intrínseco el valor de compartir. Preparar alimentos para otros y hacer que disfruten en el camino de satisfacer sus necesidades fisiológicas es lo que aleja a los entendidos del oficio de aquellos que no lo son.

Entonces, el investigador gastronómico al haber obtenido conocimiento de otros que se abrieron a compartirlo, tiene como obligación regresarlo en forma de textos, tesis, libros, recetarios o materiales al alcance de otras generaciones, de usuarios en el mundo, de aquellos con necesidad de la herramienta del conocimiento como oportunidad creativa o culinaria.

Fuente: Animal Gourmet