Te imaginas disfrutar de una exquisita comida en un departamento junto con otras personas desconocidas, pagando mucho menos por una plato que podría doblar el precio en otro restaurant. Ahora lo podrás hacer gracias a los restaurantes de la “economía compartida”.

El mundo de los restaurantes de la “economía compartida”. O como sus detractores los llaman, “restaurantes clandestinos”, lo cual surgió a raíz de los éxitos de Airbnb para hoteles y Uber para taxis, los empresarios de la web están poniendo a chefs en contacto directo con los comensales, ahorrándole a todo el mundo grandes cantidades de dinero.

El principal sindicato de dueños de restaurantes en París, Synhorcat, ha hecho un llamado al gobierno francés para que tome medidas para frenar el fenómeno, con el argumento de que sus negocios pueden enfrentar la quiebra.

Synhorcat estima que hay 3.000 chefs caseros en Francia. Tiene dos argumentos en contra de ellos: en primer lugar, que son parte de la economía clandestina; y segundo, están burlando las normas de higiene y seguridad.

“Hay gente por ahí que ofrecen un servicio que es idéntico a restaurantes: una selección de entradas, platos principales, postres, vino. Pero ellos no pagan alquiler, no hay personal, no hay impuestos – es completamente ilegal”, dice Chenet .

Pero el texto de la ley no es claro y muchos de estos nuevos cocineros están cocinando para las personas en el hogar como un hobby en lugar de llevar un negocio a gran escala.

De hecho, es difícil imaginar que el mercado de compartir comidas represente una amenaza grave para el sector de los restaurantes -entre otras cosas porque la mayoría de los apartamentos de París son muy pequeños.

Pero tampoco hay duda acerca del atractivo para muchos jóvenes de la “economía compartida”, y las oportunidades que presenta para hacer cosas que de otro modo serían demasiado caras.

Maura Foglia, la anfitriona italiana cerca del Centro Pompidou, dice que cocina dos veces al mes para sus invitados. Les cobra el costo de los ingredientes y un poco más por la mano de obra.

“Principalmente es por amor a la comida. Me encanta cocinar, pero no siempre puedo contar con que vengan amigos a cenar. Así que decidimos invitar extraños”, dice.

Todos coinciden en que la atracción de compartir cenas es la oportunidad de disfrutar de una comida de alta calidad, además de conocer gente nueva y -en palabras de Mia, la alemana- “tener una experiencia más completa” que en un restaurante normal.

Todos están de acuerdo también en que parte de la explicación del éxito de Vizeat es la decepción que a menudo acompaña a comer en restaurantes parisinos. La calidad de la comida, el precio y el servicio pueden no ser lo que los visitantes esperan, y los jóvenes son cada vez más exigentes.

Fuente: Animal Gourmet