Si eres de las personas que están empezando a probar el vino, pero no saben como degustarlo, le proporcionamos una pequeña guía para catar vinos.

Lo más importante es señalar que al momento de probar un vino entran en acción cuatro sentidos.

1. Vista

El color del vino depende de la cantidad de colorantes que tenga la uva. Cuando el clima es frío hay menos color y cuando es cálido hay más, pues la uva desprende más componentes colorantes.  Además, un vino cambia de tono de acuerdo a la edad.

  • Tintos: Más oscuro = más joven. Más claro = más viejo.
  • Blancos, al revés: Más oscuro = más viejo. Más claro = más joven.

Al girar la copa para ver caer las gotas, se evalúa la “densidad aparente”, característica que te da una idea de cómo será la textura del vino en la boca, pero no determina calidad, aunque muchos así lo crean.

2. Olfato

Primero hay que acercar la copa sin girarla e introducir la nariz completa. Al inhalar vas a percibir la intensidad que tiene el vino. Después hay que girar la copa para que le entre oxígeno y volver a olerla. Normalmente encontrarás más variedad de aromas.

Primero aparecen los “aromas primarios” que  están en cada uva y se desarrollan dependiendo del clima y el suelo; generalmente son flores o frutos.

Después vienen los “aromas secundarios”, se generan en la fermentación y son lácteos: mantequilla, leche, yogurt, etcétera. Y finalmente los “terciarios”, los da el añejamiento (no todos los vinos tienen) y son chocolate, café, cacao, etcétera.

3. Gusto

Al probar el vino, algo importante es que veas si efectivamente sabe a lo que habías encontrado al olerlo. Estas notas de frutas, flores, hierbas, madera, etcétera, se llaman “aromas retro-nasales”.

Además, en la boca se evalúan los sabores que percibes en la lengua de la siguiente manera:

  • Dulzor: Se siente en la parte frontal de la lengua y depende qué tan dulce sea. De menos a más dulce: seco, semi-seco, semi-dulce o dulce. Por ejemplo, un vino semi-dulce con aromas a frutas tropicales como piña, guayaba y mango.
  • Acidez: La encuentras en los laterales de la lengua y se mide por la cantidad de saliva que generas.
  • Amargor: Se presenta en la parte posterior y en las encías.
  • Salado: Lo sentimos atrás de lo dulce, sin llegar a los costados.

El “cuerpo” del vino se refiere a qué tan potente lo sientes en boca y el “post gusto” a cuánto te dura el sabor del vino en la boca una vez que ya lo tragaste.

4. Tacto

Se considera parte de la cata pues con la lengua sientes la textura del vino y percibes los famosos “taninos”, componentes que están en la piel de la uva y que generan sensación de sequedad. Cuando un tanino es “sedoso”, la sensación que produce es suave; si es “potente”, te raspa.

Lo ideal es encontrar un vino redondo: con muchos aromas, sabor agradable y buen balance entre acidez, alcohol y cuerpo. Al catar más vinos aprenderás a distinguir mejor sus características y las diferencias entre cada uno.

Fuente: Animal Gourmet