Una década atrás, a la gente joven no le importaba ni el vino ni la gastronomía, entonces, ¿qué fue lo que generó un cambio en la cocina internacional?

A continuación te presentamos 20 acontecimientos que cambiaron la escena gourmet.

1. La señal de cable El Gourmet

El público tradicional de los programas de cocina en televisión, históricamente, fueron las amas de casa y las abuelas. Todo lo contrario de lo que vino a proponer la señal de cable elgourmet.com, inspirada en la italiana Gambero Rosso.

Este emprendimiento de Pramer, con una grilla de programación innovadora y un staff de cocineros que pronto se convirtieron en figuras gastro-mediáticas (Massey, Donato, Narda, Dolli, Trocca, entre otros), se convirtió en canal de culto para un público joven  al que nunca antes se le hubiese ocurrido quedarse hasta las dos de la mañana un día de semana mirando programas de cocina.

Desde su nombre el canal apostó a la interactividad, ofreciendo un portal de Internet para que los televidentes pudieran ampliar y profundizar la temática de la señal. Su final apuesta por la pantalla de TV resultó un suceso. Influenció en millares de personas jóvenes el amor por la cocina y la cultura gourmet.

2. El restaurante como plan de salida

Antes ibas a un restaurante para no tener que cocinar en casa. La salida era ir al teatro o al cine. Después cenabas en algún lugar cualquiera de por ahí cerca. Pero desde fines de los 90, salir a comer pasó a ser una salida en sí misma. Era divertido ir a probar comida peruana, india o vietnamita.

Estaba bueno pasear por polos gastronómicos y, una vez ahí, elegir el lugar que más te tentara. Igual que comprar ropa de marca o entradas para un recital, ir a cenar comenzó formar parte de los consumos aspiracionales de la nueva generación y el restaurante se convirtió en un nuevo espacio de sociabilización.

3. El vino premium en el supermercado

Antes, si querías comprar un vino como la gente, tenías que ir a una vinoteca. El supermercado era para hacer las compras diarias y meter algún tinto de mesa. Hasta que un día, el super contó con una cava bien ordenada y nutrida de vinos raros y caros.

Hoy los supermercados dejaron de lado a las bodegas pequeñas. La llegada del vino premium a estas góndolas obligó a las cadenas de vinotecas a expandirse y multiplicar sucursales, para no quedar atrás en el negocio.

4. Palermo Viejo en Buenos Aires

Se pueden decir muchas cosas malas sobre Palermo Viejo pero este barrio, hoy divido en Soho y Hollywood, marca el pulso de la gastronomía porteña: hospeda a más de 700 restaurantes.Todo comenzó en 1983 cuando Francis Mallmann abrió su restó en la calle Honduras, siguió con chefs intrépidos como Christophe Krywonis con su bistró Christophe (1997) y explotó gracias un puñado de cocineros y entrepreneurs que abrieron restaurantes entre 1999 y 2001, en una zona donde primaba la onda joven y los alquileres bajos.

Palermo acercó a la gente joven a la gastronomía. Luego vino el boom inmobiliario y turístico que fue masificando la zona y cambiando su fisionomía, pero esa es otra historia.

5. Los sommeliers

En 2001, a medida que surgían más bodegas y la oferta de vinos se diversificaba, empezaron a surgir estos jóvenes que intentaban explicarnos que un tanino no era un italiano chiquito. Así como Hugo Moyano es el representante de los camioneros, el hada madrina de los sommeliers es Marina Beltrame, creadora de la Escuela Argentina de Sommeliers, en 2000, cuando una pequeña camada comenzó a aprender un oficio que la gente no lograba ni pronunciar (también fue significativa la contribución de Flavia Rizzuto, al frente de CAVE, Centro Argentino de Vinos y Espirituosas).

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Con el tiempo, el término se afianzó y unos 2000 jóvenes egresaron en diez años de enseñanza. La contracara del fenómeno es que no todos encontraron inserción laboral en la gastronomía o las bodegas.

Un cálculo de la Asociación Argentina de Sommerliers arroja apenas unos 100 empleados directos en la restauración y la hotelería. La mayoría se volcó al periodismo, al comercio de vinos, las asesorías y hacia otras bebidas no alcohólicas, como mate, café y té, a tal punto que hoy, todo producto líquido tiene su propio sommelier.

6. Los foodies

Hijos de la curiosidad por la gastronomía y del consumo de información en medio especializados, en la última década se gestó un nuevo tipo de gourmet urbano: el foodie, término acuñado en los Estados Unidos y Europa para denominar a una persona joven (de entre 30 y 40 años) con un marcado interés en la cocina, el vino y la comida en general.

Sin la pomposidad de un sibarita, ni la altanería de un bon vivant, el foodie no es exclusivamente un consumidor de productos de alta gama: es un buscador de rincones desconocidos; un amateur apasionado, que ama comer, cocinar y recibir gente en su casa. El foodie es el objeto de deseo de todas las empresas de productos Premium.

7. Winery y otras vinerías

A comienzos de la última década, el vino comenzó a atraer a un público joven. Las vinotecas eran oscuras, con mucha madera; frecuentadas por vejetes cuya aspiración en la vida era tener un escudo de armas sobre la chimenea. Winery rompió el molde.

Con una estética moderna se acercó a los nuevos consumidores: irrumpió con locales con grandes ventanales y luz natural, personal de corta edad, mobiliario trendy y espacios de restaurante y cafetería. Winery marcó y antes y un después en la escena de las vinotecas: desarrolló el concepto de “vinoteca de imagen”. Y trazó un rumbo que fue seguido por todos sus competidores.

8. Central y La Corte, en Buenos Aires

Central y La Corte, hoy desaparecidos, fueron dos restaurantes que cambiaron el modo de “ofrecer” la gastronomía. Dejaron de concebir a un restaurante como la suma de una cocina más un salón, y anexaron nuevos espacios y propuestas.

Central, un fashion point en Palermo, donde ahora está Ceviche, con verdulería en la puerta, despacho de flores, almacén, cocina a la vista, mesas comunitarias, mesas bajas, DJ’s y opciones para el desayuno, el almuerzo, la merienda y la cena, mereció coberturas periodísticas inusitadas para un restaurante (en medios gráficos masivos, revistas y aun en TV). Fue la “gran” novedad al comienzo de la década pasada.

Lo mismo que La Corte, el restó de la calle Arévalos, en Las Cañitas, donde Narda Lepes terminó de consolidar sus méritos como cocinera. La Corte, creado por el diseñador de interiores Pablo Chiappori, impuso una estética de vanguardia, tenía un espacio de bazar en su interior y sembró las semillas de una nueva cocina sana y sabrosa. Los dos fueron pioneros en un estilo que luego fue copiado y reversionado con infinidad de variantes.

9. El sushi

Están los aman el sushi y los que lo detestan. Pero son pocos los que nunca lo probaron. De producto elitista, pasó a ser un commoditie que se pide en restaurantes, pero también en deliveries baratos, supermercados como Jumbo, supermercados chinos, y novedosos “quioscos de sushi”.

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¿Qué pasaba en 2001? Fuera de los tradicionales reductos japoneses, existían lugares  (fogoneados por el delarruista “grupo sushi” que encabezaban los hijos del entonces presidente) que posicionaban a los rolls en un nivel de elite: comer sushi era caro, fashion y sofisticado.

Pero todo cambió: el acceso al sushi se “democratizó”, gracias a modalidades como el delivery y el sushi libre. Sushi Club (hoy una cadena con más de 30 locales) es un ícono de esta movida: su primer local abrió en Martínez en octubre de 2001 y se llenaba de gente que pagaba $13 para comer rolls hasta más no poder. Tras esa experiencia iniciática Sushi Club comenzó a crecer y le marcó la cancha a todos los que vinieron detrás. Así fue que hasta tu vieja aprendió a usar los palitos y dejó de comerse el wasabi creyendo que era palta.

10. Las ferias de vinos

¿Miles de personas pagando una entrada para acceder a un evento en el que docenas de bodegas ofrecen la posibilidad de probar todo su porfolio de vinos? ¿Eso era raro 10 años atrás? Sí, lo era.

Las ferias eran un punto de encuentro para el trade, pero no estaban pensadas para el consumidor. Las ferias como evento para socializar y aprender son un fenómeno de la última década. Representaron para los bodegueros la posibilidad de mirarle la cara a sus consumidores.

El modelo fue decantando: hoy las muy masivas ya no interesan más a la industria ni a los amantes del vino. Las más apreciados son las ferias temáticas, de formato pequeños como Vinos de Lujo o Sparkling Nights.